16508434_10211145901259271_6341566940396142422_nSuena a trabalenguas. Mansplaining. Pero lo que es, en realidad, es un puto dolor de cabeza.

No sé si en algún momento la Fundéu se planteará nominarla a palabra del año, pero desde luego es un palabro que cada día se oye más. Y que cada día pasa más. Y ya que hablamos de la Fundéu, por favor, un equivalente en castellano estaría genial. Que ya sabéis lo que odio yo los anglicismos. Pero que no sea ‘explicación paternalista’, que es lo que han recomendado, que sea un término con un poco más de flou. Ay, vaya, otro palabro.

¿Qué significa mansplaining?

«una palabra nueva que describe algo que lleva ocurriendo mucho tiempo»

Se trata de una palabra compuesta de man (hombre) y explain (explicar), que a veces se atribuye a la escritora Rebeca Solnit y que sirve para etiquetar (y criticar) el  fenómeno del hábito masculino de explicar cosas a las mujeres, con independencia de si se sabe algo del tema o no, y usando por lo general un tono paternalista y condescendiente.

Lily Rothman del The Atlantic lo define como «explicar sin tener en cuenta el hecho que la persona que está recibiendo la explicación sabe más sobre el tema que la persona que lo está explicando; este comportamiento suele darse de forma habitual por parte de un varón hacia una mujer».

Del mismo modo, se utiliza para identificar el fenómeno (muy común) de explicarles cosas a las mujeres que les atañen a ellas y a sus experiencias. También recibe el nombre de ‘manterruption’, ‘manspreading’ y ‘manologue’.

Seguro que MUCHAS de vosotras lo habéis sufrido. Aunque acabéis de descubrir que esta palabra existe.

 

¿Y quién es Rebeca Solnit y por qué «inventó» el mansplaining?

(San Francisco, EE.UU., 1961). Editora colaboradora de la revista Harper, donde escribe regularmente la sección «Easy Chair», Rebecca Solnit ha escrito sobre una amplia variedad de temas, incluyendo el medio ambiente, la política y el arte. Desde la década de 1980 ha trabajado en numerosas campañas de derechos humanos —como el Proyecto de Defensa de Western Shoshone a principios de los 90, que describe en su libro Savage Dreams— y con activistas contra la guerra durante la era Bush.

Entre sus libros más conocidos destaca Un paraíso construido en el infierno (2009), en el que da cuenta de las extraordinarias comunidades que surgen tras ciertos desastres como el del huracán Katrina, un hecho que ya había analizado en su ensayo «Los usos de desastres: notas sobre el mal tiempo y el buen gobierno», publicado por Harper el mismo día que el huracán golpeaba la costa del Golfo. En una conversación con el cineasta Astra Taylor para la revista Bomb, Solnit resumía así el tema de su libro: «Lo que ocurre en los desastres demuestra el triunfo de la sociedad civil y el fracaso de la autoridad institucional». Solnit ha recibido dos becas NEA de Literatura, una beca Guggenheim, una beca Lannan y en 2004 la Wired Rave Award por escribir sobre los efectos de la tecnología en las artes y las humanidades. En 2010 Reader Magazine la nombró como «una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo».

Rebeca Solnit escribió en 2008 un artículo titulado «Men explain things to me» (Los hombres me explican cosas) que con el tiempo se convirtió en el libro compuesto por varios ensayos publicado en 2014 y que en febrero de 2017 lo traduce al español la editorial Capitán Swing con el título de Los hombres me explican cosas.

Según Know Your Meme, la palabra aparece por primera vez en un comentario de un blog publicado el 21 de mayo de 2008. En 2009 llegó a la web Urban Dictionary y en 2012, The Atlantic le dedicó un artículo en el que constataba que el uso del término estaba cada vez más extendido.

 

Y ahora, sí que sí, «Los hombres me explican cosas»

RebeccaSolnit_LosHombresMeExplicanCosas

 

  • Título: Los hombres me explican cosas (Men explain things to me)
  • Autor: Rebeca Solnit
  • Editorial: Capitan Swing
  • Fecha publicación: 03/2015
  • Idioma: Original inglés / Traducción español
  • Formato: rústica con solapas
  • Páginas: 152  páginas
  • ISBN: 9788494548147

 

En este conjunto de ensayos mordaces y oportunos sobre la persistente desigualdad entre mujeres y hombres y la violencia basada en el género, Solnit cita su experiencia personal y otros ejemplos reales de cómo los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, mientras que las mujeres han sido educadas para aceptar esa realidad sin cuestionarla. La autora narra la experiencia que vivió durante una cena en la que un desconocido se puso a hablarle acerca de un libro increíble que había leído, ignorando el hecho de que ella misma lo había escrito, a pesar de que se lo hicieron saber al principio de la conversación. Al final resultó que ni siquiera había leído el libro, sino una reseña del New York Times.

El término mansplaining conjuga man («hombre») y explaining («explica»), en alusión a este fenómeno: cuando un hombre explica algo a una mujer, lo hace de manera condescendiente, porque, con independencia de cuánto sepa sobre el tema, siempre asume que sabe más que ella. El concepto tiene su mayor expresión en aquellas situaciones en las que el hombre sabe poco y la mujer, por el contrario, es la «experta» en el tema, algo que, para la soberbia del primero, es irrelevante: él tiene algo que explicar y eso es lo único que importa.

Y ahora, mi opinión

No os voy a hacer una reseña como tal del libro, porque es complicado de reseñar un libro que se basa mayormente en experiencias personales y que es muchísimo mejor leer por ti mismo (NOTA: aviso a navegantes, es un libro que me he leído lápiz y post-it en mano de cabo a rabo.) ¿Qué puedo decir del libro? Que me ha hecho reflexionar muchísimo y, además, no he reflexionado sola. Es un libro que, a medida que he ido leyendo, he ido comentando con mi pareja. Con un hombre. Porque me interesaba sobremanera saber qué opinaba alguien del género al que se le acusa de tener estas actitudes. Y porque, además, tengo la enorme suerte de compartir mi vida con una persona que escucha estoicamente todas mis monsergas y las debate conmigo. Con sinceridad. Y que viene conmigo a las manifestaciones, porque no solo es cosas ‘de las mujeres’.

A medida que avanzaba mi lectura y comentábamos el libro, nos surgió una duda (un poco haciendo de abogado del diablo): ¿cómo diferenciamos lo que es un mansplaining de o que es la soflama de un todólogo[1]? La conclusión a la que llegamos es que la línea que separa el mansplaining propiamente dicho del todólogo —que allá donde va tiene que dejar su cagadita en forma de sentada de cátedra— es muy delgada. Delgadísima. Delgadérrima. Pero se puede trazar. Y, probablemente, si se analiza, se llega más o menos al mismo punto o a la misma cuestión.

También podemos formular la pregunta de otro modo: ¿cómo distingo el mansplaineador (sic) del troll? Hace tiempo me guardé este artículo porque me pareció tremendamente interesante y creo que su lectura responde en parte a esta cuestión. Y nos vuelve a hacer reflexionar.

El troll o el todólogo. Esa gente que tiene que decirte cómo, cuándo y dónde hacer las cosas sin el más mínimo atisbo de asertividad. Agresividad a raudales, menosprecio preocupante… Ahí van unos párrafos extraídos del artículo.

[…] el 38% de los tuits son escritos con la intención de molestar, insultar o amenazar al alguien, según un estudio de la Universidad de Texas. Otra investigación, ésta en la Universidad de Beihang (Pekín), señala la emoción más común y que más rápido se propaga en Twitter: la ira. […]

[…] 200 millones de personas tienen Facebook en EEUU y casi un 50% dijo que sólo se informaba de política a través de esta red. […]

[…] El troll en España no es político sino envidioso. Como me molesta que tú seas conocido y yo no soy nadie, mi manera de sentirme alguien es insultándote […]

[…] Barrera confirma que la violencia en redes, de mayor o menor gravedad, es «eminentemente masculina y de origen sexual». Algo que no sorprende a Siscar («Es puro machismo, una necesidad de dominio que sólo sienten algunos hombres»), Levy («Sospecho que, como mujer, me llegan tuits con proposiciones sexuales que no les llegan a los políticos hombres; es el perfil del maltratador 2.0») o al criminólogo Miró («Todos los estudios muestran que el troll es hombre en un porcentaje superior al de su participación en redes, igual que en cualquier comportamiento antisocial»). […]

Y aquí mi pequeña reflexión sobre el mansplaining y el troll o todólogo, basándome en mi experiencia personal. Soy una usuaria muy activa de las redes sociales (Facebook e Instagram principalmente). Subo y comparto artículos, opiniones y demás que, no sé cómo, en infinidad de ocasiones acaban generando (o degenerando, según se mire) debates. Algunos realmente encendidos. Además, me dedico a la divulgación histórica. Tengo varios blogs en los que subo artículos de mi autoría sobre distintos temas históricos y son sitios web con muchísimos seguidores y muchísima interacción.

Os podéis hacer una idea de la cantidad de comentarios de trolls que he (hemos, porque en uno de los proyectos somos un equipo) recibido.

Por eso, porque la sociología y el comportamiento de la gente me interesa sobremanera, hace tiempo que analizo —de un modo muy aficionado— la conducta de la gente que interactúa conmigo en las redes sociales. Qué comentarios dejan, qué tono utilizan, qué es lo que dicen, el sexo de la persona que lo hace, etc. Incluso, a veces, entro en los perfiles de esas personas, para saber un poco más de quien ha dejado ese flamante comentario estrella.

Por otro lado, en mis redes personales, hago un poco lo mismo. Me fijo en quién deja los comentarios que considero ‘troleadores’ o ‘todologueantes’. Y procuro analizar si esa misma persona lo hace de forma aislada (reuslta que uno de mis estados le ha toca la fibra sensible y se ha venido arriba, qué le vamos a hacer) o lo hace de forma recurrente e independientemente del tema tratado en cuestión.

Pues bien, desde mi experiencia personal, me he dado cuenta de que en el 80% de los casos (y lo mismo me he quedado corta) son hombres los que me han desacreditado y explicado por qué no tengo razón/estaba equivocada/no lo he entendido bien en cosas que, muchas veces, sé mucho más yo, pero eso ha dado igual.

Como ha llegado un punto en el que concibo mis redes como un lugar de esparcimiento (no de encabronamiento, y en el que no tengo ganas de leer tu opinión soflamática en cada uno de mis estados, independientemente de si estoy hablando de política, religión o de mi regla; de la que, por supuesto, sabes tú más y mejor que yo), no tengo ningún problema, pues, en reconocer que tengo a bastante gente bloqueada o restringida parcialmente en Facebook. Porque soy muy fan del principio del derecho de admisión y en mi casa mando yo. Y os puedo decir que de los perfiles que tengo parcial o totalmente bloqueados en Facebook por no aguantar que en cada maldito estado me cuenten por qué no lo he puesto bien, el 95% son hombres. Y no personas aisladas que un día se vinieron arriba con un comentario. O tuvieron un mal día. O poco acierto a la hora de escribir. No, hablamos de personas con una actitud recurrente que, además, no he visto solo en mis redes, sino también en las de otros.

Y ahora os preguntaréis, ¿las mujeres no me han llevado la contraria? Es una pregunta que también me he hecho yo, claro. Y la repuesta es sí, y mucho. Pero lass mujeres que me han comentado durante todo este tiempo para decirme que no estaban de acuerdo conmigo o que habían visto o leído otra cosa, o que según ellas eso no era así, no han utilizado casi nunca un tono paternalista, ni despectivo, ni agresivo, ni petulante. Generalmente han comenzado sus discursos con frases tipo «yo he leído», «yo creía». Muchos de los hombres que me han criticado lo han hecho, en un porcentaje elevadísimo de ocasiones, de forma agresiva, despectiva, paternalista, impertinente.

Muchos han sido mansplainings como catedrales. Como carteles luminosos. Otros, el comentario del todólogo de turno. Lo curioso es que, y no lo digo solo yo, se pueden extraer las cifras del artículo que os comentaba; mansplainig o todólogo, este tipo de comentarios son masculinos. Lo cual no deja de volver a poner el debate en la línea del género/sexo. Cierto es que el todólogo dispersa su sabiduría a diestro y siniestro tanto a hombres como a mujeres, supongo que esa es al diferencia máxima que puede haber entre ambos perfiles, pero, aún así, no he podido evitar también encontrar ciertos matices y ciertas diferencias cuando se dirigen a hombres o a mujeres.

Entonces habría que preguntarse, ¿por qué el 90% de los trolls y de los comentarios despectivos, violentos, etc., en Internet los hacen hombres? Más que probablemente sea una cuestión de género. Que el hombre se sienta mucho más legitimado a hablar en público y dar su opinión aunque no tenga ni puta idea (incluso de forma violenta) que la mujer, es producto de una sociedad que ha dado voz y enaltecido a unos y ha acallado y menospreciado a otras. Y eso crea roles. Y comportamientos. Y actitudes. Y, al final, ¿no es eso es un poco la idea que subyace tras el mansplaining? Podría contaros las muchas veces que mi opinión no ha contado nada en trabajos que he tenido. Las veces que he propuesto algo y hasta que no lo ha comentado un hombre, no se ha tenido en cuenta mi propuesta. Las veces que ni he sido preguntada (y, en muchas, sabía bastante más que los que estaban discutiendo). Y así, casos mil.

Total, que después de vueltas y rotondas parece que hemos llegado, si no al mismo sitio, a uno muy similar.

Ahora toca debatir: ¿habíais oído hablar del mansplaining? ¿Tenéis experiencias personales sobre el tema? ¿Os habéis topado con todólogos? ¿Qué diferencia veis entre el todólogo/troll y el mansplaining?


[1] Todólogo: dícese de esa persona que sabe más, mejor y de todo que tú siempre. Y que el planeta entero. Que tiene opiniones para todo y que, además, generalmente sus formas son de una prepotencia que abruma. También se le puede llamar troll. O puto cansino.


Para leer más, y muy interesante, sobre lo que es el mansplaingin con cantidad de ejemplos, os recomiendo la lectura de los siguientes artículos, de los que he extraído parte de lo escrito arriba:

Verne – Deja que te explique qué es el ‘mansplaining

Yorokobu – Mira, te comento: «Mansplaining» o los hombres que te explican las cosas

 

 

 

 

 

 

 

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