16298784_10211061783796387_2114074318604646009_nEl feminismo busca igualdad y no vamos a entrar en debates sobre ello, porque no ha lugar a dudas. Y el que las tenga, pues… que lea más.

El machismo no solo afecta a las mujeres. Los hombres, por decirlo de alguna manera, también sufren machismo. «Eres una nenaza», «los hombres no lloran», «maricona», «no vales para nada si no puedes mantener a tu familia», «no puedes ser amo de casa y cuidad a los niños, eso es trabajo de mujeres». Los roles están establecidos para todos; y nos oprimen a nosotras, eso es otro axioma impepinable, pero también a ellos.

Bien. No. No estoy diciendo que la violencia de género sea igual de un lado a otro, como les gusta decir a los notallmen. No, no existen bases sociales, ideológicas, culturales, o llámales X, sobre las que sostener un principio que establezca que los hombres sufren violencia de género, porque no. El White Angry Man (al que podríamos llamar WAM de ahora en adelante) está cabreado porque es gilipollas. Y porque necesita leer más, ver más mundo y dejarse de mirar el ombligo. No está oprimido, porque no hay nada que le oprima. La sociedad no está en su contra, no hay genocidio blanco, los negros no le roban los derechos y el trabajo, las mujeres no le ponen denuncias para joderle la vida y se quejan para tener más derechos que él y oprimirlo.

Pero que me lío y me desvío del tema principal.

Si partimos de la base de que el feminismo nos ayudará tanto a hombres como a mujeres (sí, más a mujeres porque estamos peor y tenemos más por lo que luchar, pero ya me entendéis por dónde voy), lo suyo sería que por el feminismo luchásemos todos.

Y me voy a explicar antes de que nadie se lleve las manos a la cabeza con lo que dicho.

O escrito.

Hace poco leí el libro «Todos deberíamos ser feministas» de Chimamanda Ngozi Adichie y me hizo reflexionar sobre muchos aspectos. Realmente creo que es un libro que deberíamos leer todos. Y hoy quiero rescatar una parte del libro para que reflexionemos todos juntos.

A menudo cometo la equivocación de pensar que algo que a mí me resulta obvio es igual de obvio para todo el mundo. Pongamos por caso a mi querido amigo Louis, que es un hombre brillante y progresista. Él y yo conversábamos a veces y él me decía: «No entiendo a qué te refieres cuando dices que las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres. Tal vez lo fueran en el pasado, pero ahora no. Ahora las mujeres ya lo tienen bien». Yo no entendía cómo Louis era incapaz de ver algo que parecía tan evidente.

Me encanta volver de visita a Nigeria, y gran parte del tiempo que estoy allí lo paso en Lagos, que es la ciudad y núcleo comercial más grande del país. A veces, cuando el calor remite al atardecer y la ciudad se ralentiza un poco, salgo con mis amistades o mi familia por los restaurantes y los cafés. Durante una de esas veladas, Louis y yo habíamos salido con amigos. En Lagos hay un elemento maravilloso del mobiliario urbano: un pequeño contingente de jóvenes enérgicos que esperan delante de ciertos establecimientos y te “ayudan” muy teatralmente a aparcar tu coche. Lagos es una metrópoli de casi veinte millones de personas, con más energía que Londres y más espíritu empresarial que Nueva York, de forma que a sus habitantes se les ocurren mil maneras de ganarse el sustento.

Como pasa en la mayoría de las ciudades, puede ser difícil encontrar aparcamiento a la hora de la cena, así que esos jóvenes se ganan la vida encontrando sitios donde aparcar y —aunque haya más sitios disponibles— guiándote hasta el tuyo sin dejar de gesticular y prometerte que te van a “cuidar” el coche hasta que vuelvas. A mí me impresionó en particular la teatralidad del hombre que nos encontró un sitio para aparcar aquella noche. Así pues, mientras nos marchábamos, decidí darle propina. Abrí el bolso, metí la mano dentro para coger mi dinero y se lo di al hombre. Contento y agradecido, el hombre cogió el dinero que yo le daba, miró a Louis y le dijo:

-¡Gracias, señor!

Louis me miró a mí, sorprendido, y me preguntó:

-¿Por qué me da las gracias a mí? El dinero no se lo he dado yo.

Entonces vi en su cara que lo entendía. El hombre creía que el dinero que yo le había dado venía de Louis. Porque Louis es hombre.

Y esto pasa muchas veces. Hay muchos gestos y actitudes machistas que nos suceden a las mujeres delante de otros hombres, y nadie dice nada. O solo nosotras. No estoy hablando de agresiones físicas, entiendo que cualquier persona, hombre o mujer, con dos dedos de frente, intervendría en una situación así. Pero hay otras muchas en las que no.

La mayoría de veces que me he sentido violentada (piropos que no son piropos y otras situaciones del estilo en la calle o en transporte público), situaciones en la que se me ha menospreciado por ser mujer (a mí, a mi opinión, a mi capacidad…), me he defendido yo sola.

Y otras tantas aquel que me ha violentado me ha tratado de loca. De histérica. De exagerada.

Sin embargo, cuando he comentado ‘la jugada’ en mis redes sociales, con mis amigos, con mis compañeros; casi todos me han dado la razón y han estado de acuerdo conmigo en que era algo inadmisible. Entonces ¿por qué nadie ha dicho nada?

¿Qué quiero decir con todo eso? Pues que muchas de las situaciones machistas —las que componen esos micromachismos que en nuestros tiempos han venido a sustituir al machismo más rancio y evidente (evidente por manifiesto y por visible, no porque el micromachismo sea un mal menor o menos importante o dañino para las mujeres)— suceden a la vista de otras personas. Mujeres… pero también hombres.

Entonces, ¿por qué en la mayoría de los casos los hombres no dicen o hacen nada? (Insertar aquí ahora el disclaimer de ‘por favor no empecemos ahora con el #notallmen’)  Entiendo que no sea vuestra lucha. O no. O sí lo es. Por vuestras madres, hermanas, novias, mujeres, hijas. Por vosotros mismos. Porque os despojéis también de los roles que se os imponen y seáis lo qué y cómo queráis ser.

Quiero decir que sé que la mayoría de los hombres reaccionarían ante una agresión. O ante algo visible. Pero a lo que me refiero es a que hay que ir más allá. Hay que parar el machismo desde abajo. Luego volveremos al abajo. Hay que reaccionar cuando un técnico del ADSL solo le hable al hombre asumiendo que la mujer no sabe. Hay que reaccionar cuando el paciente crea que el médico es el hombre y la mujer es la enfermera (no intento menospreciar la profesión, ojo, pero sé que pasa porque tengo amigas médicas). Hay que reaccionar ante los anuncios machistas y misóginos en la televisión. Hay que reaccionar cuando por defecto a la mujer le ponen el té/refresco y al hombre la cerveza. Hay que reaccionar cuando alguien asume que porque soy mujer sé planchar y cocinar, y el hombre no tiene por qué. Hay que reaccionar cuando en el trabajo las opiniones de tu compañera no se tengan en cuenta o valgan menos que las tuyas. O cuando no le dejen intervenir en una conversación y pisen su discurso todo el rato. Hay que reaccionar cuando de ellas comenten cómo van vestidas y de ellos sus logros profesionales. Hay que reaccionar cuando en un grupo de whatsapp se estén diciendo burradas. Hay que reaccionar cuando ves las trabas que tiene tu compañera para ser madre y profesional a la vez.

Por eso todos deberíamos ser feministas; no porque os pidamos a los hombres que vayáis enarbolando sujetadores por la calle (yo tampoco lo hago), sino para que nos ayudéis a terminar con todo lo que sustenta y sostiene que nuestra sociedad sea, en muchos aspectos aún, una sociedad desigual y machista para las mujeres.

La violencia de género va desde abajo, y hay que combatirla desde abajo. Los feminicidios, las mujeres asesinadas por sus parejas o por hombres que creían que tenían derechos sobre ellas, son la consecuencia más evidente y la punta de la cadena de la violencia de género. Pero esa cadena hunde sus raíces en ideas, valores y actitudes que debemos combatir entre todos.

Por nosotras. Por vosotros. Y por una sociedad mejor y más justa.

Todos deberíamos ser feministas.

El libro

9788439730484

  • Título: Todos deberíamos ser feministas
  • Autor: Chimamanda Ngozi Adichie
  • Editorial: Literatura Random House
  • Fecha publicación: 03/2015
  • Idioma: Original inglés / Traducción español
  • Formato: tapa blanda
  • Páginas: 64 páginas
  • ISBN: 9788426403902

«Ser feminista no es solo cosa de mujeres. Chimamanda Ngozi Adichie lo demuestra en este elocuente y perspicaz texto, en el que nos brinda una definición singular de lo que significa ser feminista en el siglo XXI. Con un estilo claro y directo, y sin dejar de lado el humor, esta carismática autora explora el papel de la mujer actual y apunta ideas para hacer de este mundo un lugar más justo».

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«Hoy me gustaría pedir que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestos consigo mismos. Y esta es la forma de empezar: tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos».

Y yo os lo recomiendo encarecidamente.

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