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  • Título: Mamá, quiero ser feminista
  • Autor (es): Carmen G. de la Cueva / Malota
  • Editorial: LUMEN
  • Fecha publicación: 11/2016
  • Idioma: Español
  • Formato: tapa dura
  • Páginas: 208
  • ISBN: 9788426403902

Mamá quiero ser feminista es un libro ilustrado por Malota en el que su protagonista y autora, Carmen G. de la Cueva, fundadora y directora de la comunidad La Tribu de Frida, cuenta cómo tomó conciencia de la importancia del feminismo y se convirtió en una activa dinamizadora cultural para promoverlo.

Las jóvenes de hoy se sienten libres, independientes, dueñas de su vida y de su cuerpo, pero ¿por qué, entonces, se habla más que nunca de feminismo y de la necesidad de las mujeres de reafirmar su empoderamiento frente al paternalismo de la sociedad?

Quizás no esté todo dicho y Carmen G. de la Cueva pueda mostrar, con su testimonio, cómo muchas chicas aceptan unos mandatos sociales que llevan a la mujer a ocupar un segundo plano.

Carmen G. de la Cueva nos habla con desenfado, de sí misma, de su infancia en un pueblo andaluz rodeada de una familia tradicional, de los descubrimientos, tanto vitales como culturales, que empezaron en su adolescencia y que le hicieron tomar conciencia del significado de la palabra feminista, palabra que el siglo XXI ha dotado de nuevas connotaciones. Además, en el libro, la autora rinde homenaje a sus referentes, desde Virginia Woolf a Pippi Calzaslargas o Virginie Despentes, pasando por Simone de Beauvoir o Jane Austen.

 

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¿Qué es este libro? Si buscáis un decálogo feminista —tal vez alentados por el título—, este libro no lo es. Si buscáis un manual sobre cómo convertiros en feministas (como si fuese tan fácil ja, ja, ja), este libro no lo es.

Lo que es este libro es una suerte de biografía; un compendio de relatos basados en la experiencia personal de la autora: con algunos me he sentido tremendamente identificada —incluso se podría decir que he vivido esas situaciones—, con otros nada en absoluto (ojo, porque no me han pasado, no porque no me parezcan ciertas, que son dos cosas muy distintas); pero la importancia de este tipo de relatos no radica en estar totalmente de acuerdo con todo lo que la autora dice, ni siquiera en haber vivido en primera persona todas sus experiencias para simpatizar con ella o comprender y entender y, sobre todo, valorar lo que narra. Cada una de nosotras podríamos añadir nuestro pequeño apéndice de experiencias personales. Lo importante de este tipo de experiencias compartidas es que todas y cada una de nosotras —y también de nosotros— podamos aprender de ellas para mejorar día a día una sociedad que, seamos sinceros, dista mucho de ser igualitaria y en la que todavía hace mucha, muchísima, falta el feminismo. Porque sí, vivimos en una sociedad machista. De un machismo a veces flagrante y, sobre todo, una sociedad llena de micromachismos disfrazados de ‘cosas normales que llevan siendo así toda la vida’.

¿Qué si me ha gustado el libro? Me ha durado, literalmente, dos noches y dos viajes en metro, así que os podéis imaginar que sí. Más que nada porque ya lo veréis por aquí, si un libro no me gusta no me lo termino. Y aquí paz y después gloria; con la de libros que hay en esta vida por leer, no me merece la pena estancarme y perder el tiempo si uno no me gusta. Pero volviendo al tema,  llevaba tiempo detrás de él, desde que se anunció su publicación y me llegó un correo electrónico con una nota de prensa de presentación, y lo cogí con muchísimas ganas tal y como cayó en mis manos el día de Reyes.

Es un libro ameno, ligero, de lectura rápida y fácil, pero cuyo trasfondo es serio e invita a pensar. A reflexionar sobre una misma y su entorno. A recapacitar sobre lo que hemos vivido a lo largo de los años como mujeres: situaciones, hechos, experiencias, costumbres.

Y qué decir de las ilustraciones: simplemente maravillosas. La edición es simple y cuidada, elegante y moderna a la vez. Sin llegar a ser un libro ilustrado propiamente dicho (¿o sí? ¿Cuántas ilustraciones hacen falta para considerar un libro como ilustrado? ¿10? ¿El 50% del libro?), los dibujos de Malota juegan un papel fundamental en la obra: poniendo rostro y forma tanto a pasajes del libro como a algunas de las mujeres que la autora menciona en este, fundamentalmente escritoras.

Y ahí es donde entra en juego otra de las características del libro que me ha encantado: la cantidad de referencias y citas que aporta durante la narración, sin romperla, sin pausarla, sino espléndidamente insertadas. Como tomadora de notas compulsiva que soy, empecé a anotar todos y cada uno de los libros y autoras que iban apareciendo en el relato (algunos los había leído, otros no, pero daba igual, yo lo apunto todo, que tiempo de tirarlo siempre hay), sin embargo, la autora nos facilita —y mucho— la labor: al final del libro, a modo de apéndice, encontramos un listado de lecturas recomendadas.

En conclusión y por no extenderme demasiado, creo que libros como éste; por su sencillez, por su forma tan directa de contar las cosas, por su cercanía y, sobre todo, por la verdad que esconden deberían ser lecturas obligadas tanto para mujeres como para hombres: las unas para vernos reflejadas, los otros para comprender mejor. Y luego, tal vez, ya ponernos manos a la obra con todas esas lecturas y escritoras que el texto nos recomienda página tras página: las madres del feminismo.

 

 

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